Abril.
No le reproches
al necesario verano vacío
de las feroces y humildes variaciones de la luz
que traspasa la trama tejida, oh, de las cortinas
por recuperar algo de los que no alcanzamos a conocer bien
y los lugares a los que llegamos justo después
o un poco antes,
por tener algo de los que presintieron que todo esto ya había pasado.
Un poco de las ventanas abriéndose, de las ventanas cerradas, la estructura de las puertas:
todo el tiempo que los lugares permanecen solos
damos por hecho que los hoteles por ejemplo siguen teniendo alcantarillado,
toda esa gente que vimos para luego retrasarnos
y quedarnos sin historias, sin gestos
quizás porque la piel y los árboles
y el polvo de los cerros nos vienen a rescatar,
sería un deseo.
lunes, 25 de mayo de 2020
miércoles, 1 de abril de 2020
Marzo
Le voy a llevar una nueva polera a un muerto
aunque la emoción de la noche nos encuentra sin el único mérito de la memoria.
Los que continuarán nos besan, quizás dejándonos atrás
por ser los besados.
Las estrellas no bajan hace mucho tiempo, los ojos se vuelven indispensables antes de dormir
y lloran los que lo necesitan, disponen la ternura al nivel de los cuerpos.
No guirnaldas, no besos, una nueva polera para un muerto.
La demora será el polvo de las tardes del mundo
los aviones crujiendo y el tren que iba a las afueras
de un pasto brotado entre los metales.
Ahora que tu vida ya ha pasado entre la luz
llevarle la polera a un muerto
tal como otros te regalaron sus ímpetus y más
sería el rito perdido de la compasión.
Tal como te recogieron y te cuidaron y mucho más
llevarás una nueva polera a un muerto
con el mundo quebrándose en otro giro
de las ganas de todo contra nada
por encontrar amigos en el colegio nuevo
o amigos en la adultez
no bastando el rumor cercano del paso del tren o el desnivel dominado.
No hay ningún y están todos los consuelos en la hermosa polera a un muerto
las bofetadas del tiempo no tienen restricción
y duelen desde los bordes hasta el interior de lo que hasta ahora somos.
La querida polera secreta que llevamos al muerto
a la muerta repleta de compasión
que nos enseñó que la generosidad es llanto
y que no hay nada más.
No biografía, amor
tiempo, decepción y una mañana
o una noche
una polera nueva a un muerto.
Le voy a llevar una nueva polera a un muerto
aunque la emoción de la noche nos encuentra sin el único mérito de la memoria.
Los que continuarán nos besan, quizás dejándonos atrás
por ser los besados.
Las estrellas no bajan hace mucho tiempo, los ojos se vuelven indispensables antes de dormir
y lloran los que lo necesitan, disponen la ternura al nivel de los cuerpos.
No guirnaldas, no besos, una nueva polera para un muerto.
La demora será el polvo de las tardes del mundo
los aviones crujiendo y el tren que iba a las afueras
de un pasto brotado entre los metales.
Ahora que tu vida ya ha pasado entre la luz
llevarle la polera a un muerto
tal como otros te regalaron sus ímpetus y más
sería el rito perdido de la compasión.
Tal como te recogieron y te cuidaron y mucho más
llevarás una nueva polera a un muerto
con el mundo quebrándose en otro giro
de las ganas de todo contra nada
por encontrar amigos en el colegio nuevo
o amigos en la adultez
no bastando el rumor cercano del paso del tren o el desnivel dominado.
No hay ningún y están todos los consuelos en la hermosa polera a un muerto
las bofetadas del tiempo no tienen restricción
y duelen desde los bordes hasta el interior de lo que hasta ahora somos.
La querida polera secreta que llevamos al muerto
a la muerta repleta de compasión
que nos enseñó que la generosidad es llanto
y que no hay nada más.
No biografía, amor
tiempo, decepción y una mañana
o una noche
una polera nueva a un muerto.
domingo, 26 de enero de 2020
Nunca más los sábados tuvieron esa manera definida cuando niños, estructura sensorial hacia la cual dirigirse con seguridad y decepción.
Comido el tiempo, no es con nostalgia que puede reaparecer el noticiero con trozos doctos de fútbol internacional, en un país vigilado.
La vida no existe para ir a buscar lo que está bien que se haya ido.
En esas casas ya no están esas voces, ya no... tantas cosas.
El desconcierto sabatino de un adulto alcanza, en el mejor de los casos, a leerse.
Nunca a ser releído.
Comido el tiempo, no es con nostalgia que puede reaparecer el noticiero con trozos doctos de fútbol internacional, en un país vigilado.
La vida no existe para ir a buscar lo que está bien que se haya ido.
En esas casas ya no están esas voces, ya no... tantas cosas.
El desconcierto sabatino de un adulto alcanza, en el mejor de los casos, a leerse.
Nunca a ser releído.
domingo, 29 de diciembre de 2019
Padre, madre:
El olor a lacrimógena… sé que no sigue en mis narices ni en mis ojos, pero rebrota en el organismo y es la muerte.
Hoy murió también un escritor de ochenta y cinco años.
Clotario Blest echaba de su lado a los sindicalistas que tenían familia porque tener familia es estar obligado a ganar. Pero ¿qué clase de derrota vive el que no cree en ganar y perder?
Este levantamiento del pueblo chileno este octubre no tiene que ganar, ya existiendo es el miedo de los asesinos, es la ruina total de sus vidas reales y para nosotros es el peligro máximo porque no tener miedo es peligroso.
Me calaron la memoria esas palabras del otro día sobre la pasión y su conducción en vistas de la vida y sus exigencias económicas… Me mantienen unidos a ustedes, como siempre, pero me distancian en el dolor del calibre de las experiencias disímiles que la vida se negará siempre a juntar.
Estoy satisfecho de mí y sé que es una satisfacción tan poderosa y quieta que se manifiesta en inconveniencias. Tantos han muerto asesinados, yo no he recibido ni un rasguño.
Me dieron mucho, les preocupo, pero si buscan en su corazón no les he causado decepción, me relaciono con ustedes de manera eterna cada segundo, por eso no nos enfermamos, hasta el momento.
No puedo sacarme la sensación nasal de las lacrimógenas, quemaron el cine donde una vez fuimos con tía Cristina, El Último Emperador un día de semana que sigue vivo en mí y quizás en ella.
Son facetas espirituales, las lacrimógenas de estos dos meses han probado las respiraciones, las cajas toráxicas, la solidaridad más real que he alcanzado a vivir.
Necesariamente uno descuida lo que veía antes como próximo, creo que es natural, los defectos crecen si alguien pide examinar desde fuera el proceso vital que lleva a oponerse al robo, asesinato, la violencia estatal, etc…
No hagan muecas, ya no temo repetir los tópicos.
Esta crisis prueba que la inteligencia querrá pavonearse en un mundo de pollos estrangulados y asados.
Voy a parar ahora. Papás, los amo, las lacrimógenas son la muerte regalada por gente que no sabe de compuestos químicos.
Si lloran por sus familias, nadie lo sabe.
No es solamente una cuestión de cultura escuchar a Leonard Cohen por ejemplo, pero no sé explicarlo, no me interesa aunque lo nombre como hecho.
Lamento no tener objetivos económicos si no como arranques fugaces que no fortalecen huesos.
No creo que esa derrota me haga ganar en otros aspectos, pero es más sólido, más establecido, como toda una vida sin dirección porque es vida y nada más, ninguna vida ejemplar, no, pero…
En fin, eso, los amo.
El olor a lacrimógena… sé que no sigue en mis narices ni en mis ojos, pero rebrota en el organismo y es la muerte.
Hoy murió también un escritor de ochenta y cinco años.
Clotario Blest echaba de su lado a los sindicalistas que tenían familia porque tener familia es estar obligado a ganar. Pero ¿qué clase de derrota vive el que no cree en ganar y perder?
Este levantamiento del pueblo chileno este octubre no tiene que ganar, ya existiendo es el miedo de los asesinos, es la ruina total de sus vidas reales y para nosotros es el peligro máximo porque no tener miedo es peligroso.
Me calaron la memoria esas palabras del otro día sobre la pasión y su conducción en vistas de la vida y sus exigencias económicas… Me mantienen unidos a ustedes, como siempre, pero me distancian en el dolor del calibre de las experiencias disímiles que la vida se negará siempre a juntar.
Estoy satisfecho de mí y sé que es una satisfacción tan poderosa y quieta que se manifiesta en inconveniencias. Tantos han muerto asesinados, yo no he recibido ni un rasguño.
Me dieron mucho, les preocupo, pero si buscan en su corazón no les he causado decepción, me relaciono con ustedes de manera eterna cada segundo, por eso no nos enfermamos, hasta el momento.
No puedo sacarme la sensación nasal de las lacrimógenas, quemaron el cine donde una vez fuimos con tía Cristina, El Último Emperador un día de semana que sigue vivo en mí y quizás en ella.
Son facetas espirituales, las lacrimógenas de estos dos meses han probado las respiraciones, las cajas toráxicas, la solidaridad más real que he alcanzado a vivir.
Necesariamente uno descuida lo que veía antes como próximo, creo que es natural, los defectos crecen si alguien pide examinar desde fuera el proceso vital que lleva a oponerse al robo, asesinato, la violencia estatal, etc…
No hagan muecas, ya no temo repetir los tópicos.
Esta crisis prueba que la inteligencia querrá pavonearse en un mundo de pollos estrangulados y asados.
Voy a parar ahora. Papás, los amo, las lacrimógenas son la muerte regalada por gente que no sabe de compuestos químicos.
Si lloran por sus familias, nadie lo sabe.
No es solamente una cuestión de cultura escuchar a Leonard Cohen por ejemplo, pero no sé explicarlo, no me interesa aunque lo nombre como hecho.
Lamento no tener objetivos económicos si no como arranques fugaces que no fortalecen huesos.
No creo que esa derrota me haga ganar en otros aspectos, pero es más sólido, más establecido, como toda una vida sin dirección porque es vida y nada más, ninguna vida ejemplar, no, pero…
En fin, eso, los amo.
sábado, 30 de noviembre de 2019
En los sesentas donde las masas ascendieron y manotearon la palanca del poder, una queja recurrente del intelectual consistía en criticar la ideologización de la cultura. En términos de ejercicio racional, lo tosco de la politización de las ideas atenta contra el necesario desapego y distancia del que debe pensar como oficio. Algunos se oponen a ese momento revolucionario y quedan, de manera justa o no, en el lado reaccionario. Otros se suman a la revolución y ensayan practicar las ideas. Un tercer grupo más fragmentado y quizás más interesante (porque es más fluctuante e inestable que los anteriores), busca seguir con su rutina intelectual, a veces con éxito, otras con impaciencia (¿Jorge Millas? Quien por cierto hablaba más que del intelectual, del deber intelectual).
Lo que me interesa es que en este ambiente revolucionario de hoy día 2019 Chile, creo que la rutina laboral del intelectual pasa a segundo o tercer lugar. Ciertamente ya no hay ideología en su manera sesentera. Por eso tal vez el primer lugar del intelectual (del que trabaja con la cabeza) y su labor hoy en Chile es mirar, percibir, habitar los lugares de la revuelta, registrarla, balbucearla, nombrar algunas direcciones, fechas, recuerdos, escuchar, alejarse, volver al sitio más cercano del hecho incómodo de las calles vivas. Ser casi anónimo, uno más, medio callado, emocionado. Está entre el que hace y el que mira, está a ratos a un costado y a ratos al medio, en el medio campo. Emocionado, porque si no está emocionado, ¿para qué va a estar cerca de lo que está pasando? La revuelta o te emociona o te deja helado. Más que pensar, mirar y recordar. Más que columnas, referencias.
Los libros, es verdad, algún día serán retomados, en todo caso no han sido olvidados, son referencias no de pensamiento, de recuerdo. Los libros esperan, pero hoy el registro de los gritos del pueblo contradictorio son el silencio del que registra y anota con lápices simples o en computadores ya desfasados.
Lo que me interesa es que en este ambiente revolucionario de hoy día 2019 Chile, creo que la rutina laboral del intelectual pasa a segundo o tercer lugar. Ciertamente ya no hay ideología en su manera sesentera. Por eso tal vez el primer lugar del intelectual (del que trabaja con la cabeza) y su labor hoy en Chile es mirar, percibir, habitar los lugares de la revuelta, registrarla, balbucearla, nombrar algunas direcciones, fechas, recuerdos, escuchar, alejarse, volver al sitio más cercano del hecho incómodo de las calles vivas. Ser casi anónimo, uno más, medio callado, emocionado. Está entre el que hace y el que mira, está a ratos a un costado y a ratos al medio, en el medio campo. Emocionado, porque si no está emocionado, ¿para qué va a estar cerca de lo que está pasando? La revuelta o te emociona o te deja helado. Más que pensar, mirar y recordar. Más que columnas, referencias.
Los libros, es verdad, algún día serán retomados, en todo caso no han sido olvidados, son referencias no de pensamiento, de recuerdo. Los libros esperan, pero hoy el registro de los gritos del pueblo contradictorio son el silencio del que registra y anota con lápices simples o en computadores ya desfasados.
jueves, 17 de octubre de 2019
En Memoria de Carlos Campos Pino.
En el velorio escucho que la muerte no es nada.
Sí es algo por supuesto señor monje, la muerte existe tal como la vida, se turnan, nos raspan, nos necesitan.
Hay semanas en que nos corta el paso de manera atroz, nos revienta la cabeza, muerte, sí que existes, maldita aduladora del universo.
Impasibles aprendemos a odiarla tratando de no olvidar el velo mental que engaña.
Y no es en vano ese contacto, va quedando el sedimento definitivo, silencio, silencio del Tiempo,
en unos más, en otros menos; pequeñas comprensiones que caen como bolsitas abiertas sin nada dentro.
Hubo huellas que sólo podrían haber sido inspeccionadas si se viviera con pinzas, y decir deteniendo todo, un sábado a las dos
o un domingo a las cinco, o un lunes al mediodía o un martes a las diez
o un miércoles a cualquier hora y el jueves y el viernes desolado:
todos estos ahora aquí reunidos te acompañan siempre, gente que existe y te conoce y estima y desconoce, ¿sientes algún tipo de fuerza en estos momentos?
Pero no, no se vive así. Cada uno por su cuenta...
suponemos que cada uno se encuentra haciendo lo que él mismo ha posibilitado en una elección
de poderío, suponiendo que los demás están igual o mejor que nosotros...
¡Qué equivocados pensamos quietos en esa tolerancia!
Pensamos que no nos subordinamos y que el resto menos...
En el velorio de mi buen amigo desconocido a rabiar, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, mil veces en este teclado maldito...
el monje dijo sí, también, con voz baja... Somos caminantes, peregrinos...
lo escuchamos en las salas de básica del colegio religioso, tantas veces que aún puedo ver las caras...
pero sólo lo escuchábamos, sólo oíamos, no sabíamos... yo al menos no presentía
la cuesta irremontable de la vida, que no sabemos subir,
que no aceptamos bajar salvo algunos locos entre nosotros, con vidas distintas, discretas, despojadas, tranquilas,
tan distintas que sólo pueden y deben explotar para quizás ser algo un lunes para el resto, o un jueves.
Y alguno puede siempre pensar que todo sigue igual y que nos olvidamos.
Humilde, obstinado y herido digo no. No seguimos igual ni mucho menos.
Odiadores de los demás: sepan que no, no sigue igual nada, nunca.
Y no hay olvido, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ni qué ocho cuartos!!!!!!!!!!!!!!
En el velorio escucho que la muerte no es nada.
Sí es algo por supuesto señor monje, la muerte existe tal como la vida, se turnan, nos raspan, nos necesitan.
Hay semanas en que nos corta el paso de manera atroz, nos revienta la cabeza, muerte, sí que existes, maldita aduladora del universo.
Impasibles aprendemos a odiarla tratando de no olvidar el velo mental que engaña.
Y no es en vano ese contacto, va quedando el sedimento definitivo, silencio, silencio del Tiempo,
en unos más, en otros menos; pequeñas comprensiones que caen como bolsitas abiertas sin nada dentro.
Hubo huellas que sólo podrían haber sido inspeccionadas si se viviera con pinzas, y decir deteniendo todo, un sábado a las dos
o un domingo a las cinco, o un lunes al mediodía o un martes a las diez
o un miércoles a cualquier hora y el jueves y el viernes desolado:
todos estos ahora aquí reunidos te acompañan siempre, gente que existe y te conoce y estima y desconoce, ¿sientes algún tipo de fuerza en estos momentos?
Pero no, no se vive así. Cada uno por su cuenta...
suponemos que cada uno se encuentra haciendo lo que él mismo ha posibilitado en una elección
de poderío, suponiendo que los demás están igual o mejor que nosotros...
¡Qué equivocados pensamos quietos en esa tolerancia!
Pensamos que no nos subordinamos y que el resto menos...
En el velorio de mi buen amigo desconocido a rabiar, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, Carlos, mil veces en este teclado maldito...
el monje dijo sí, también, con voz baja... Somos caminantes, peregrinos...
lo escuchamos en las salas de básica del colegio religioso, tantas veces que aún puedo ver las caras...
pero sólo lo escuchábamos, sólo oíamos, no sabíamos... yo al menos no presentía
la cuesta irremontable de la vida, que no sabemos subir,
que no aceptamos bajar salvo algunos locos entre nosotros, con vidas distintas, discretas, despojadas, tranquilas,
tan distintas que sólo pueden y deben explotar para quizás ser algo un lunes para el resto, o un jueves.
Y alguno puede siempre pensar que todo sigue igual y que nos olvidamos.
Humilde, obstinado y herido digo no. No seguimos igual ni mucho menos.
Odiadores de los demás: sepan que no, no sigue igual nada, nunca.
Y no hay olvido, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ni qué ocho cuartos!!!!!!!!!!!!!!
jueves, 26 de septiembre de 2019
Es por hoy.
Es por hoy que caminaré a la hora donde algunos sacan a sus mascotas/
con olor de comida en la ropa, lo que se cocinó/
nada muy nuevo ni claro la verdad.
/El cloro de las noches de las carreteras del mundo sigue acompañando/
los autos vistos desde hoteles/
que se embellecen si los vives/
igual que los peinados con franjas de pelo menos.
/Luz sobre las murallas, no es una advertencia/
en el primer y el segundo día después de conversar de noche/
dirigiendo la ciudad el silencio del depósito de fábrica/
los teléfonos pesan tal piedras negras y pulidas./
Chocaremos o estaremos a metros en la vereda oscura/
para no dejar nunca que un final nos engañe/
por pudor frente a la vida y a la muerte.
Es por hoy que caminaré a la hora donde algunos sacan a sus mascotas/
con olor de comida en la ropa, lo que se cocinó/
nada muy nuevo ni claro la verdad.
/El cloro de las noches de las carreteras del mundo sigue acompañando/
los autos vistos desde hoteles/
que se embellecen si los vives/
igual que los peinados con franjas de pelo menos.
/Luz sobre las murallas, no es una advertencia/
en el primer y el segundo día después de conversar de noche/
dirigiendo la ciudad el silencio del depósito de fábrica/
los teléfonos pesan tal piedras negras y pulidas./
Chocaremos o estaremos a metros en la vereda oscura/
para no dejar nunca que un final nos engañe/
por pudor frente a la vida y a la muerte.
jueves, 11 de julio de 2019
Cinco años de edad, día soleado, ha muerto mi abuelo, 1983.
Me lo indica también el hecho de que hay gente en el salón de la casa un día de semana.
El dato crudo del desmayo de mi madre, las puertas de la casa se vuelven más reales, no hay desesperación.
Mi padre ha ido antes a sacarme al colegio, el interior del auto parece una guarida en comparación a las casas
y objetos corridos por el movimiento, Fiat 147 beige.
Se vuelve largo el trecho desde la bajada del auto hasta la baja reja del jardín.
Vasos en las manos de las personas, palabras en voz baja, un recogimiento y un estupor verdadero, simple; trajes.
Mi hermano había nacido ese año, no alcanzamos a mentalizar a Jorge, el papá de mi papá; yo lo viví desde
lo emocional y él desde lo corporal.
Su tumba luego, con una inscripción de Tagore, tomada desde las frases
que Jorge anotaba. Más tarde aún había diarios, hojas con su letra, frases que le llamaban, en la casa donde vivió, Cerrillos, Divino Maestro.
En las fotos no sé cómo describir o deducir su actitud.
Me quiso, lo recuerdo cuando caen los días malos y la calma no nos traiciona.
Recuerdo querer que reviviera, había sol y dictadura.
"Soñé que la vida era felicidad. Desperté y vi que la vida no era más que servir… y sirviendo soy feliz". Tagore
Claro que la amabilidad provoca esperanza... la amabilidad no como señuelo.
Solo cuando el pasado es demasiado se reivindica el presente, esa ilusión humana.
Veraneamos y vuelven también los techos de esas casas, Quintero.
Son muy correctas estas dos opiniones: el mundo ha estado equivocado y el mundo no ha estado tan equivocado.
Al fin de todos estos gestos, escribir no es más que una exigencia personal.
Se habla comparando los inviernos con conocidos que no conocemos.
Alguien se felicitó en el mostrador del almacén de tener toda la música de Elvis Presley en su teléfono.
Y lo felicitamos con la mirada todos los ahí presentes.
Lo valioso de Hemingway es que entusiasma.
Se supone que nadie debería tener ganas de morir, que el Cajón del Maipo es un lugar sobre todo mental donde retirarse
a mirar.
Se suponía que ese era el mínimo incluso de los juegos ajenos.
Se llena tanto la vida, tan colmada de clichés valiosos que nos nublamos y desaparecemos.
El amor es siempre actual y esta tarde.
Estudiar en San Miguel y no vivir en San Miguel me provocó quizás una prescindencia irrecuperable.
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