lunes, 12 de enero de 2009

Araya combinando con Hodge






Tardes esperando un partido… son tantas que parecen una sola.
Alguna vez vi un documental sobre la vida de los obreros, sobre los mineros y los trabajadores de los campamentos salitretros del Norte Grande chileno.
Era un documental de principios de los 70 cuando estas cosas eran o parecían importantes.
Recostados aparecían estos hombres en un BlancoYNegro para siempre, en sus piezas durantes las tardes de sol calcinante de un domingo sin bajar a la falsa ciudad, fotos de la Estadio en las paredes, fotos de vedettes que hoy día le harían cosquillas a los Ultimos Pudorosos que van quedando.
Y una radio, oh, sonando...
Araya combinando con Hodge, Juan Rodríguez, oh, adelantado y nunca olvidado le dice algo al primerizo Peralta, Nelson Gallardo cruza hacia la sombra que proyecta la Tribuna Preferencial, el Estadio imaginado, el verde del pasto en la mente, permitiendo continuar.
Inmóviles en el silencio del relato, los corners son un instante para cambiar de pensamientos.
Un partido sin penales es un partido donde no hemos reparado suficientemente en la vestimenta de los arqueros y el Relato es una especie de Silencio Distinto para nosotros.
El Estadio flota evitando el futuro que sería de Estupidez y Crimen.
El Estadio tirita tratando de esquivar en la mente de esos hombres en medio del Desierto, el Estadio trata de esquivar tiritando el futuro que es una referencia a vencer, como la fecha de vencimiento de un alimento, una fecha a trastocar, a inventar: 39 de septiembre de 1973 o 81 de septiembre de 1973 o el martes 142 de septiembre de 1973.
El Estadio, el Estadio se desplaza enorme queriendo guarecerse en las mentes de esos obreros en el Desierto, quienes son los Salvadores Posibles.
Se mueve un par de centrímetros, se arquea y luego se estremece y vuelve a encumbrarse al sacrificio de la Realidad, como un barco que quiere escapar de la ola histórica que lo alza y lo fustiga.
El Relator no sabe lo que va a pasar en el partido, no sabe el avenir de ese espacio, de las rejas y la pista atlética roja, oh, el Relator no sabe, pero siente una cálida fisura invisible.
Entonces, El Relator sabe y no sabe.
El Relator es escuchado por nuestros Mayores, por esos mineros y por mi padre que no estaba ese día en el Estadio, que no vio nunca ese documental y no recuerda el resultado, pero sí gritó gracias a ese equipo y fue algo gracias a todo eso, a ese color azul noble y a ratos celeste, que lloró supongo por esos jugadores y por ese Estadio y por lo que allí murió, quemado.
Fue un día algo maravilloso caminando por Av. Carlos Dittborn, fue un resplandor, lo sé, lloró a solas, como hay que llorar, sin refranes ni inteligencias, porque hay que llorar y punto.
Hay que llorar como el Utilero-Alma del equipo, que comió Azul y se enfermó al ver los Mamarrachos robando el espíritu, quien se fue sin decir ‘Siempre hay más Vida’.
Como el Entrenador que quedó ciego en los años de la Gran Tragedia.
Como quien guardó la revista ‘Ahora’ como un privilegio de Gran Porfiado... y la persona que rescata esas páginas de la casa de los familiares muertos.
Es bello titular a una revista ‘Ahora’, sí.

Braulio Musso

2 comentarios:

Don dijo...

Qué hay que escuchar la história no escrita y saborear todo lo posible, ya que se murió en una censura torpe.
Nadie quiere hablar de esas cosas como si Chile estuviese dormido y ahora estaría muy despierto.
Que antes del 81' el puerto de Valparaíso era de Valparaíso y las cosas simples daban grandes placeres.
Pero de qué hablo yo, si quizás donde andaba.
La semilla que nunca nace, sólo cambia su cáscara. Lo que muere es más eterno.

El de constantes palabras en vuestros predios,
Don.

braulio musso dijo...

Don Agricultor:

pensar en las renovadas Trillas se me hace difícil en este Invierno donde la nieve nos alegró pasajeramente.
Valparaíso, San Ramón, Quintero, Hornopirén, vivirán igual.
Es extraño todo: puede llorar una mujer a nuestro lado y ser una alegría, una certeza.
La disquería estaba vacía, me acordé de mis Amigos, me acordé de los puntos encendidos de las torres de iluminación en el momento de prenderse, un banderín atesorado.
Mojave3, David Bowie, Nina Simone.

Atentamente,
Fernandez Albano.