miércoles, 23 de febrero de 2022

Pájaro, gato, barata.

Pájaro, gato, barata, no entres por favor, oh, te amo
pero no puede haber más que un animal en casa.
Soy un toro, un zorro o un mamífero, no importa. 
Aquí estoy tapando las rendijas y vigilando la puerta abierta
no quiero abrir los correos ni saber lo terrible de las líneas de la mano
necesito de los recicladores tal como todos 
van y vienen, orgullosos y amables
ellos también lloran al saber de la muerte de cualquiera al otro lado del planeta. 
Más que un detalle es el trayecto hecho de duro silencio 
que en palabras sería la alegría vaporosa de seguir
el lugar donde nos alcanzamos a parecer 
por el tiempo que sea.

 

Ya no.

 

 

Quizás sientan que ya no espantamos a los gatos de los vecinos

o a los callejeros,

los dulces conejos que se mantienen a cierta distancia,

las diferencias que van quedando entre campo y ciudad.

Llegará el alcohol que se compra por internet

en la espera llegan voces aún desde la calle, no todo se ha terminado.

Ha muerto Mark Lanegan y la familia se fue de paseo,

a una ciudad con mar.

Los lápices, las témperas regalo de cumpleaños se mezclarían hoy con los libros y las plantas

las hojas avisando la variación de la luz

el viento de estos últimos días de verano.

 

martes, 22 de febrero de 2022

Lo aceptamos.






Hoy como ayer, mucho parece vanidad/
la vanidad opuesta a la poesía/
esa maldita vanidad que vuelve y vuelve a perder, a mentir contra Lanegan y mil maravillosos seres más, no importa./
Y entonces estuvo bien no hacer tantas preguntas/
¡Retórica! En fin, lucimiento… /
De allá para acá y en todas direcciones./
Mientras, las abejas pueden saludar al caballo que bebe agua junto a un árbol./
Los muertos no ríen sobre los vivos, ellos ya no existen, vivieron, sí./
Suena el agua, viven las orejas, amamos, sin duda vivimos/
sobre todo erramos y poco más./
Desaparecen de golpe las abejas y lo aceptamos/
en el acuerdo de la posibilidad de su vuelta/
en unos minutos más.