lunes, 7 de diciembre de 2009

No importa





Llevo un rato en 'La Parrilla', lugar de reunión de uruguayos en París.
El servicio se demora, pero no importa.
Es el cumpleaños de Ramiro, un personaje clave en estas estancias donde nos paseamos.
Un personaje del que nos reímos porque lo apreciamos en el fuego lento de una clara obsesión.
Mezclamos, en los pensamientos hacia él, la más persistente comicidad y un raudal de emotividad, lo que quizás sea el germen del amor, de la amistad, de lo que se mantiene.
Algún tiempo anduvimos encontrando que era, físicamente, un Leonard Cohen albañil y generoso.
Todas las historias a narrar sobre él son muchas, cientas.
Con él hablamos, frecuentemente, de límites fronterizos y de seudo-política, de cosas prácticas.
Lee diarios peruanos, es hincha de Nublense, etcétera, le han robado hace una semana los asientos traseros de un auto prestado, no recuerda si almorzó o no... no le gusta viajar ni conocer porque, dice, 'soy un leso', etcétera.
De pronto, llegan los platos, magníficos, carne asada uruguaya.
De nuevo, no pasará nada portentoso ni enorme.
Lo que sí pasa es que de pronto me giro un poco para mirar a Ramiro y cerca del escenario, en la mesa junto a ese entablado, veo a un tipo que se parece mucho a Gato Alquinta, pelo canoso, el útimo Alquinta.
Será uruguayo, chileno, francés?
No lo miro mucho, me sorprendo y dejo de pensar si se parece mucho o no, corto cuidadosamente la bella carne.
Hablamos, no queda pan, algo de vino, 'chimichurri' escaso, viene el postre, puede ser.
No descubrimos nada, pero estamos contentos, serenos, hablamos.
Es su cumpleaños y todo es sencillo.
Hablamos.

Braulio Musso

3 comentarios:

Anónimo dijo...

el árbol de pascua me acompaña, torcido el pobre, medio truncado en sus alas, tiene una estrella de metal inclinada (se cae) en la punta y la quiere seguir entero.

una comicidad y un raudal de emotividad

cuando no me doy cuenta de que estoy despierta, ni de que estoy hablando, cuando conversan los árboles de al lado, las paredes, la calle, el basurero, todo lo que miro por mi mientras hablo, paréceme desaparecer mi calabaza y paréceme estar hablando tranquilamente, al parecer, tranquilo el otro, me hizo venir.

(hola jorge, cómo estás? es la pao. saludos por allá)

[sangreconleche] dijo...

wow. Y uno acá quejándose de los franceses que preguntan en un mal español donde queda La Sebastiana.

Hola, soy el Diego. Y tengo un blog donde vierto todo lo que pasa por mi cabeza.

braulio musso dijo...

Oh amigos:

en esta hora electrónica, el corazón viene tranquilo, hace venir y me hace volver a pensar en la conformidad con la exigencia de buenas pronunciaciones.
Esos objetos que conversan son lo que se pasea por la cabeza, ahora.

Atentamente,
Gallego 2.